Como complemento al carbón activado, una membrana de nanofiltración introduce dos mecanismos distintos: retención física y electroadsorción.
Por un lado, sus poros extremadamente finos permiten bloquear ciertas partículas, coloides y microorganismos que no quedarían completamente retenidos solo mediante adsorción.
Por otro lado, la tecnología de esta membrana se basa en un principio de electroadsorción: cargas electrostáticas presentes en la superficie del medio atraen y retienen partículas submicrométricas, agentes patógenos, residuos farmacéuticos en estado de trazas y restos celulares, incluso cuando su tamaño es inferior al de los poros aparentes.
Este mecanismo permite obtener una filtración eficaz con una baja pérdida de carga, compatible con un funcionamiento por gravedad, y un caudal potencialmente superior al de filtros puramente mecánicos de finura comparable.
A diferencia de los sistemas presurizados, esta membrana está diseñada para funcionar en filtración por gravedad, lo que implica un equilibrio controlado entre capacidad de retención, caudal y estabilidad a lo largo del tiempo.